Erosión costera en West Bay, Roatán: ¿están robando playa los hoteleros?
- arcplusnews
- Jan 21
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Durante décadas, West Bay fue reconocida como una de las playas más extensas y atractivas de Roatán. Su franja de arena amplia permitía la convivencia natural entre hoteles, turistas y población local, sin mayores tensiones por el uso del espacio. Sin embargo, esa realidad ha cambiado de forma acelerada en los últimos años, dando paso a un debate cada vez más visible en redes sociales y foros públicos: ¿están los hoteles invadiendo la playa o es la playa la que ya no es la misma?

Para comprender la situación actual, es necesario mirar atrás. Antes de los huracanes Eta e Iota, y antes de que se interrumpiera el movimiento natural de la arena, West Bay tenía una playa considerablemente más larga. En ese entonces, las estructuras hoteleras que hoy parecen estar “demasiado cerca” del mar se encontraban, en realidad, a una distancia razonable de la línea de agua. La percepción de invasión no existía porque la playa ofrecía suficiente espacio para todos.
Uno de los elementos clave en este cambio es la alteración del flujo natural de la arena. Según explicó un propietario de un resort en West Bay, históricamente la arena migraba a lo largo de la costa: se desplazaba hacia el norte, en dirección a zonas como Foster’s, y regresaba cuando los vientos del este volvían a predominar. Ese ciclo natural permitía que la playa se regenerara de forma periódica. Hoy, ese proceso prácticamente ya no ocurre.
La playa de Infinity Bay, por ejemplo, era más larga de lo que ahora se ve. Esto se puede comprobar en fotografías del 2017 y 2019.
Un estudio encargado por otro propietario de la zona señala que parte del problema se concentra en el extremo derecho de West Bay, visto de frente al mar. En esa área, la playa se ha vuelto más somera debido a la formación de un banco de arena frente a la costa. Este banco se habría creado por la combinación de escorrentías y sedimentos, lo que provoca que la arena quede “atrapada” y no regrese a su distribución original. Como resultado, la playa no solo es más corta, sino que también pierde su capacidad de recuperación natural.
Un fenómeno similar se ha observado en Sandy Bay, lo que refuerza la idea de que no se trata de un caso aislado ni exclusivamente ligado a la actividad hotelera, sino de un problema costero más amplio, agravado por eventos climáticos extremos y cambios en la dinámica marina.

En medio de este contexto ambiental, surge el conflicto social. En Honduras, todas las playas son públicas por ley y debe existir una franja libre que permita el tránsito peatonal sin restricciones. Durante años, hoteles como Infinity Bay mantuvieron sus camastros y mobiliario sin generar controversia, ya que respetaban esa franja y la amplitud de la playa lo permitía. Hoy, con una playa mucho más reducida, esa misma disposición se percibe de forma muy distinta.
Turistas y residentes han expresado su incomodidad al sentir que el espacio público es insuficiente o difícil de transitar. Algunos visitantes opinan que, ante la reducción evidente de la playa, los hoteles deberían limitar la cantidad de camastros o reubicarlos dentro de sus instalaciones cuando sea posible. Se menciona, por ejemplo, que algunos resorts cuentan con áreas internas donde podrían colocar mobiliario sin afectar directamente la franja de arena, mientras que otros no tienen esa opción debido a que su infraestructura colinda directamente con el mar o con áreas de concreto.
Esto plantea un desafío real para los hoteleros, muchos de los cuales operan sobre terrenos adquiridos y desarrollados legalmente cuando la playa tenía otras dimensiones. Al mismo tiempo, la población local y los visitantes reclaman su derecho legítimo al libre acceso y disfrute de un bien público.
La situación actual deja claro que el problema va más allá de una simple discusión entre hoteles y usuarios de la playa. Se trata de un fenómeno de erosión costera con implicaciones ambientales, económicas y sociales. Ignorar el impacto del cambio climático, de los huracanes recientes y de la alteración de los flujos naturales de arena conduce a un análisis incompleto y polarizado.

Expertos y actores locales coinciden en que es urgente buscar un punto medio. Esto podría incluir estudios técnicos adicionales, planes de manejo costero, medidas de adaptación por parte del sector hotelero y una mayor claridad en la aplicación de la normativa vigente. Sin diálogo y sin una visión integral, el conflicto seguirá creciendo, mientras la playa —el recurso que sostiene tanto al turismo como a la comunidad— continúa reduciéndose.
West Bay enfrenta hoy una realidad distinta a la de hace diez, veinte y treinta años. Reconocer ese cambio es el primer paso para encontrar soluciones que protejan el acceso público y sobre todo, atiendan un problema ambiental que no desaparecerá por sí solo.

























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