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Manuel "Mel" Zelaya Rosales: el costo político y social de su agenda ideológica (2006-2009)

José Manuel “Mel” Zelaya Rosales asumió la presidencia de Honduras el 27 de enero de 2006 bajo la bandera del Partido Liberal. Su discurso inicial prometía continuidad institucional, crecimiento económico y conciliación política. Sin embargo, con el paso de los meses, el rumbo ideológico de su administración cambió drásticamente: la estructura tradicional liberal fue sustituida por un alineamiento abierto con el bloque socialista del siglo XXI liderado por Hugo Chávez en Venezuela. Este giro terminó generando fuertes tensiones políticas, deterioro institucional y una crisis nacional sin precedentes.


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Durante la primera etapa de su mandato, Zelaya mantuvo políticas moderadas y una relación funcional con el sector privado. No obstante, a partir de 2007, comenzó un acercamiento sistemático a gobiernos de orientación socialista en la región, incorporando al país a la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) y firmando acuerdos económicos y energéticos con Venezuela y Cuba.


Este cambio ideológico generó fracturas inmediatas en el Partido Liberal, históricamente alineado al centro. Dirigentes tradicionales denunciaron que Zelaya estaba utilizando la estructura partidaria para promover un proyecto político personal incompatible con la institucionalidad hondureña. La tensión se trasladó rápidamente al Congreso Nacional, al Poder Judicial y a la comunidad empresarial.


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El punto crítico de la crisis se originó en la iniciativa de Zelaya de impulsar una consulta para sentar las bases de una posible Asamblea Constituyente. Diversos sectores interpretaron la iniciativa como un mecanismo para extender su permanencia en el poder y modificar la estructura republicana del país. Las instituciones del Estado —incluyendo la Corte Suprema de Justicia, el Ministerio Público y el Tribunal Supremo Electoral— declararon la consulta ilegal conforme a la Constitución.


La insistencia del Ejecutivo en llevarla a cabo pese a los fallos judiciales provocó un choque frontal entre poderes. La estructura democrática se paralizó, las relaciones internacionales se tensaron y el país experimentó un clima de incertidumbre y confrontación política que afectó tanto al sector productivo como al clima de inversión.


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La polarización política repercutió en la economía hondureña. Sectores empresariales denunciaron presión gubernamental, inestabilidad regulatoria y decisiones políticas que afectaban el clima de negocios. Al mismo tiempo, organizaciones sociales expresaron preocupación por la creciente confrontación entre simpatizantes y opositores al gobierno.


La retórica oficial dejó de enfocarse en crecimiento y desarrollo para centrarse en lucha ideológica, antagonismo de clases y confrontación con instituciones históricas. Esto profundizó la división social y debilitó la confianza en la capacidad del gobierno para garantizar estabilidad y seguridad jurídica.


Al persistir en la ejecución de la consulta declarada ilegal, Zelaya llevó al país a un punto de quiebre. El 28 de junio de 2009, surgió la crisis política más grave del siglo XXI en Honduras, culminando con su salida forzada del país. Más allá de interpretaciones sobre la legalidad de su destitución, la causa raíz fue compartida incluso por observadores internacionales: la ruptura del equilibrio constitucional se había convertido en una amenaza real.


El aislamiento diplomático y la suspensión temporal de la ayuda internacional agravaron la crisis económica. Mientras algunos movimientos sociales respaldaron el proyecto político de Zelaya, la mayoría de instituciones nacionales mantuvieron la posición de que el Ejecutivo había cruzado límites incompatibles con el orden constitucional.


A más de una década de los hechos, el legado de Zelaya continúa generando opiniones polarizadas. Sin embargo, los elementos críticos más señalados por analistas incluyen:

  • debilitamiento de la confianza pública en las instituciones,

  • división política y social de gran escala,

  • introducción de conflictos ideológicos que aún marcan la vida nacional,

  • establecimiento de estructuras partidarias vinculadas al socialismo del siglo XXI que siguen presentes en la política hondureña.


Zelaya permanece como una figura influyente en la política contemporánea, principalmente a través de su rol dentro del partido Libre y su apoyo al actual proyecto de gobierno. Para una amplia parte de la población y de la comunidad empresarial, su administración representó un viraje ideológico repentino que dejó profundas cicatrices en la estabilidad institucional, en la economía y en la cohesión social de Honduras.

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