West Bay, Roatán: de paraíso caribeño a una pesadilla para el turismo
- arcplusnews
- Dec 24, 2025
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West Bay no es cualquier playa. Es una de las más reconocidas del Caribe y, sin duda, la joya turística de Roatán. Cada semana recibe miles de cruceristas y visitantes que llegan buscando mar cristalino, tranquilidad y una experiencia de descanso. Sin embargo, lo que muchos encuentran hoy dista mucho de esa promesa. Para hoteleros, trabajadores del turismo y turistas, West Bay se ha convertido en un foco constante de tensión.

El problema no es la venta ambulante. Nadie cuestiona que las personas necesiten ganarse la vida ni que ofrezcan productos o servicios en la playa. Eso ha existido siempre y puede convivir con el turismo. El conflicto empieza cuando la actividad deja de ser ambulante y se vuelve invasiva, agresiva y sin ningún tipo de control.
Vendedores que gritan a los turistas para obligarlos a comprar, que hacen ruido constante con caracoles, que interrumpen el descanso una y otra vez. Masajistas que tocan a las personas sin consentimiento, se acercan insistentemente y generan incomodidad, especialmente entre mujeres y adultos mayores. Turistas que, lejos de relajarse, se sienten acosados y prefieren abandonar la playa antes de tiempo. Las quejas son recurrentes.
En redes sociales, muchas personas salen en defensa de los vendedores, argumentando que “necesitan trabajar” y que se les está atacando injustamente. Ese argumento, aunque válido en lo humano, no puede usarse para justificar abusos, amenazas ni actividades ilegales. Ganarse el pan de cada día no da derecho a intimidar, tocar a otros sin permiso ni apropiarse de espacios que no les pertenecen. La Policía Municipal asegura que son ambulantes y que “deberían moverse”, pero en la práctica muchos han instalado estructuras permanentes: camillas de masaje, sombrillas fijas, sillas, telas que simulan pequeñas casetas, postes clavados en la arena e incluso cámaras de seguridad, todo frente a propiedades privadas.

Esto ha generado un ambiente de confrontación directa. Dueños de resorts y gerentes aseguran haber sido insultados, amenazados y hostigados por algunos vendedores. En casos más graves, relatan actos de intimidación extrema: hallazgos de cabezas de pescado con supuestas brujerías en la playa, destrucción intencional de inflables de los resorts, cortados con cuchillos, y amenazas verbales constantes. Para muchos, la situación dejó de ser un problema comercial y pasó a ser un problema de seguridad. Los vendedores ambulantes que se instalan frente a los hoteles en muchas ocasiones dejan basura atrás que los empleados de los resorts tienen que recoger. Aunque ya los resorts pagan por un "tren de aseo" municipal, este servicio no se les provee, dejando a los resorts sin otra alternativa mas que recoger la basura ellos. En muchas ocasiones son mas aseados los turistas que los vendedores ambulantes.
Para los inversionistas, el mensaje es desalentador. “¿Cómo se puede invertir millones en una propiedad frente al mar —se preguntan los hoteleros— si lo que el cliente ve al salir es un mercado improvisado que bloquea la vista y afecta la experiencia?”

El argumento de la “playa pública” también se ha distorsionado. Algunos vendedores afirman tener derecho a instalarse a 10 metros desde la línea del mar, pero muchas propiedades en West Bay colindan legalmente con el mar según sus escrituras. En esos casos, esa franja pública simplemente no existe. Aun así, los vendedores se instalan frente a las propiedades, bloqueando la vista, el acceso y la experiencia del huésped.
A esto se suma un riesgo sanitario que no puede ignorarse. Hay vendedores que alquilan equipo de snorkel sin agua potable ni procesos adecuados de limpieza, usando únicamente agua de mar. ¿Quién supervisa eso? ¿Quién protege al turista que confía en que está usando equipo seguro? Mientras hoteles y restaurantes son fiscalizados constantemente por el SAR y otras instituciones, estos vendedores operan sin controles visibles.

El resultado es devastador. Inversionistas que se preguntan cómo es posible apostar por Roatán si nadie protege la inversión. Turistas que se quejan abiertamente de ser tocados sin consentimiento, de recibir gritos cuando ignoran a los vendedores y de sentirse inseguros en la que debería ser la mejor playa de la isla. Y una imagen que se deteriora frente a miles de visitantes cada semana. No todos los vendedores son así, y eso es importante decirlo. Pero existe un grupo selecto que se ha vuelto una pesadilla, tanto para los dueños de los resorts como para los turistas. Defenderlos sin reconocer el problema no ayuda a nadie. Al contrario, perpetúa un caos que amenaza el principal motor económico de la isla. West Bay necesita orden, regulación y presencia real de la autoridad.













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